“Hola, me llamo Rocky…”


Mi buena amiga Olga, presidenta de la Asociación Protectora de Animais de Cambados (Pontevedra), me ha enviado una carta ‘que ha escrito’ un perro, llamado Rocky, acogido por la asociación al haber sido abandonado, que necesita ayuda para sufragar un tratamiento médico. ¡Cómo escribe este perro! 😛

No sé si hay muchos ciudadanos que no conocen la existencia de ordenanzas municipales en los diversos ayuntamientos de España, como ocurre –por ejemplo– en la ciudad de Zaragoza, en las que se dictan las obligaciones que tienen los ‘dueños’ de animales de compañía para con ellos y el resto de la sociedad, pero el desconocimiento de las normas no exime de culpa.

Y, tras esta cavilación que ampliaré próximamente, os dejo con la carta que comentaba al comienzo:

rocky cambados - “Hola, me llamo Rocky…”“Hola, me llamo Rocky. Soy un perro mestizo “palleiro”, que decimos por aquí, cuyo nombre me lo pusieron en el Albergue de Animales de Cambados.

Me recogieron el jueves pasado, cuando deambulaba en medio de los coches del pueblo, sin saber dónde ir ni qué comer, por lo que me acercaba a los bares y cafeterías para ver quién se apiadaba de mí.

Una persona de Protección Civil me llevó al Albergue de Animales y allí conocí a Olga, que jugó conmigo y me dio cariño, algo de lo que estaba muy escaso. Allí me encontré muy bien pero, al día siguiente, algo me mí no funcionaba como debía. Olga se dio cuenta de inmediato y me llevó al veterinario.

Realmente, yo no entiendo muy bien de esas conversaciones que ellos tienen, pero sí que sufro sus inyecciones, sus vitaminas para fortalecerme, sus antibióticos y, también, oigo sus palabras: “No sé si sobrevivirá, me pregunto si no sería mejor dormirlo definitivamente; pero, inmediatamente, oigo a Olga decir que “mientras hay vida, hay esperanza”. Sé que ella no dejará que caiga en el sueño eterno mientras tenga un atisbo de esperanza.

En realidad, por las noches, en mi confortable alojamiento, pienso que Olga y Gustavo (el veterinario), están cuidando de mí y que, poco a poco, quizá pueda curarme, aunque sé –por lo que oigo– que es muy “caro” este tratamiento.

Mis verdaderos dueños no me buscan, no preguntan por mí, no saben nada de mí. Mis recuerdos me llevan a cuando era cachorro y tenía toda clase de mimos y ahora, cuando más lo necesito, no los tengo. ¡Qué tristeza!

Oigo al veterinario comentarle a Olga que lleve cuidado, que soy contagioso y que me tenga aislado de los cachorros. Suerte que, en las últimas dos semanas, 20 perros encontraron casa y así tengo una jaula para mí sólo.

Si alguien quiere ayudarme a sufragar mis gastos veterinarios, contactar con la protectora: www.refugiocambados.es

Antes de despedirme, quiero dar las gracias a personas que, como Olga y Gustavo, trabajan desinteresadamente por el bienestar de los animales. ROCKY”.

Gracias por tu carta, Rocky. Seguro que, con personas como Olga, vivirás muchísimo tiempo y, lo que es más importante, de una manera digna.


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