Historia aragonesa paseando por la capital de España


Este sábado, dando un largo paseo por Madrid, algo que siempre me ha relajado, me encontré con una agradable sorpresa. En el centro de la capital, muy cercano a la Plaza Mayor –donde ya se encuentra el famoso mercado de artículos navideños–, se halla el famoso Restaurante Botín, el más antiguo del mundo (desde 1725) tal y como data el Libro Guinness de los Records, edición de 1987.

Y, mientras paseaba por la calle Cuchilleros, donde se encuentra dicho restaurante, me fijé en su frontispicio, el cual rinde homenaje a nuestro pintor más ilustre, Francisco de Goya. La respuesta, aunque no hiciera falta preguntarse el por qué se homenajea a un artista tan célebre, se encontraba –en un primer momento– en un escrito con letras grandes serigrafiado en el cristal de su fachada (ver fotografía); éste decía, tanto en castellano como en inglés, lo siguiente: “Con motivo del Bicentenario de la Guerra de la Independencia Española, Casa Botín quiere rendir homenaje a Francisco de Goya, quien nos dejó un valioso testimonio artístico de la época, y a la ciudad de Madrid y su Pueblo que con sacrificio y gran valentía, permitieron preservar la herencia de nuestros valores y tradiciones”.
 
cristalera restaurante botin - Historia aragonesa paseando por la capital de España
 
De esta manera, ya parecía fundamentado tal deferencia a Goya; pero, cuando me acerqué más, observé un folio con un texto que me dejó perplejo, pues no conocía el hecho, que decía así: “Botín, el restaurante más antiguo del mundo, se encuentra situado en la calle Cuchilleros de Madrid, y abrió sus puertas en 1725. Goya, el pintor, fue lavaplatos allí en 1765, cuando contaba con 19 años de edad”.

Sin duda, es un bonito detalle de la historia de un joven Francisco de Goya que, por esa época, tras decepciones como la no obtención del premio convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1763) o una fallida beca de formación en Roma, decidió trasladarse a la capital de España en busca de protección y un nuevo maestro, Francisco Bayeu, como indica el hecho que Goya se presentara en Italia (en 1770) como su discípulo.

botin goya - Historia aragonesa paseando por la capital de EspañaDesde luego, fue un agradable asombro el pasear por Madrid y ver que nuestros célebres aragoneses siguen siendo recordados y admirados fuera de nuestra Comunidad, no como ocurre aquí (p.e. Miguel Fleta, el gran tenor del siglo XX). Un detalle que, por deferencia, hay que devolver, máxime si el homenajeado desciende de donde yo -Fuendetodos-, por lo que quisiera plasmar en este artículo la historia de este legendario restaurante a través de los siguientes párrafos, describiendo también, brevemente, la historia de Madrid desde mitad del siglo XVI para situarnos en el momento histórico:

Nos situamos allá por 1561, cuando el rey Felipe II ordenó el traslado de la Corte a la ciudad de Madrid, que supuso un crecimiento urbanístico espectacular y un poco caótico. Precisamente, para controlar este caos, se creó la llamada Junta de Policía y Ornato que estaba presidida por el arquitecto Francisco de Mora, aparejador de Juan de Herrera durante la construcción del Monasterio de El Escorial. Esta Junta se encargó de alinear fachadas, suprimir desniveles abruptos y eliminar voladizos.

Madrid siguió creciendo, a pesar de que a la muerte de Felipe II, Felipe III trasladara, solo temporalmente, la Corte a Valladolid. Y es justamente en esta época (concretamente en 1590) cuando se tiene constancia de la existencia del edificio que hoy alberga Botín. Su propietario solicitó el Privilegio de exención de huéspedes (hay documentación acreditativa de este hecho), un impuesto que pagaban aquellos propietarios de un inmueble, de más de una planta, que no deseaban albergar en él a miembros de los cortejos reales que llegaban a Madrid y que no se hospedaban ni en Palacio ni en las casas de los nobles.

restaurante botin 002 - Historia aragonesa paseando por la capital de EspañaEn 1606, tras cinco años, la Corte vuelve a Madrid y en 1620, con la reforma efectuada en la Plaza Mayor (antigua Plaza del Arrabal), la zona se convierte en el principal enclave comercial de la ciudad: zapateros, curtidores, cuchilleros, latoneros, herradores… De hecho, las calles de la zona adoptaron el nombre de los oficios que en ellas se ejercían: Ribera de Curtidores, Plaza de Herradores o, en nuestro caso, Calle Cuchilleros. Y es en el número 17 de esta vía donde estableció su negocio un cocinero francés llamado Jean Botín que llegó a Madrid, junto con su esposa de origen asturiano, en los albores del siglo XVIII, con la intención de trabajar para algún noble de la Corte de los Austrias. En 1725, el matrimonio abrió una pequeña posada y realizó una reforma en la planta baja del edificio, cerrando los soportales existentes, quedando constancia en una piedra de la entrada en la que figura la fecha. Así, el matrimonio Botín murió sin descendencia, por lo que se hizo cargo del negocio un sobrino de la esposa de Botín llamado Candido Remis. De aquí el nombre que, desde entonces, lleva el negocio: Sobrino de Botín.

Ya en el siglo XIX se reforma nuevamente la planta baja. Se construye entonces el friso de madera policromada con pan de oro de la entrada, así como los escaparates y el mostrador de pastelería en el que se vendían pestiños, bartolillos, suizos y glorias de crema. Por aquel entonces, Botín se consideraba una Casa de Comidas, porque el término “Restaurante” sólo lo utilizaban algunos establecimientos, muy pocos y exclusivos, que deseaban emular a los locales parisinos.

Y, para terminar esta escueta crónica, como parte del anecdotario, es curioso que, hasta bien entrado el siglo XVIII, no se permitiera vender en los mesones carne, vino u otros alimentos, ya que se consideraba una intromisión que perjudicaba a otros gremios. De esta manera, sólo podía servirse lo que el huésped traía para ser cocinado. De aquí nace la leyenda de que en las posadas españolas sólo se encontraba lo que traía el viajero.


Comentarios (1)

  1. Me gusto mucho este articulo. No puedo creer que este restaurante todavia exista. Esto si que es un tesoro.

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