¡Felicidades Barça! ¡Hala Madrid! ¡Viva el fútbol!


Tocados, que no hundidos. Tristes, que no resignados. Dolidos, que no humillados. Molestos, que no amargados. Los madridistas sufrimos ayer un bofetón ‘mutado’ (por aquello del 5+1) en la cara que acabó con un sueño maravilloso, del que teníamos derecho a disfrutar y obligación de despertar, que ha durado cinco meses en los que el equipo ha pulverizado todos los récords de la hombría y de la fe ilimitada, como ya nos viene acostumbrando desde hace dos temporadas.

El Real Madrid es un equipo “llamado Milagro”, en homenaje al gran Robert Redford, que ha vivido “en los límites de la realidad”, en homenaje al gran Steven Spielberg. Y conviene reconocerle ese mérito el día que pasó por el Coliseo Blanco (el Santiago Bernabéu, para más señas) una maravilla con botas, una colección de tipos que durante noventa minutos nos mostraron una colección de recursos futbolísticos perennes en nuestras retinas.

Tengo envidia, sí, pero no al Fútbol Club Barcelona, pues mi equipo merece mi respeto y mi fidelidad, que jamás me plantearé. La envidia que siento es hacia el balón, hacia esa pelota que los jugadores azulgranas acarician, por una mezcla de amor y diversión, durante esos noventa ‘longos’ minutos (hoy para los blancos). Marc Anthony, en el estribillo de su canción titulada “Celos”, lo detallaba perfectamente: “No puedo aguantar tantos celos, estoy que me muero de envidia. Ay me muero de envidia, pensando en la forma en que él te acaricia y te hace suya. No puedo aguantar tantos celos, estoy que me muero de envidia”. Mientras, el capitán Raúl sentía lo que todos, impotencia

Y el asunto es muy sencillo. El Barça se ha sentido atosigado durante 139 días por un rival empeñado en derribar una lógica en la que llegaron a creer hasta los apostantes, que ayer pagaban más euros a favor de un triunfo del campeón de 2007 y 2008. Ello nos permitió a los madridistas (ilusos de nosotros) alimentar un sueño compartido, convencidos de que la épica y el orgullo pueden derribar muros más altos, ya ha ocurrido en otras ocasiones, como el del fútbol.

Pero esa bandera la empuñó anoche el Barça de forma admirable. Guardiola es un iluminado que ha demostrado ser un perfecto maestro de ceremonias para seducir a una plantilla que hace meses se había abandonado a la molicie moral. Pep siempre respetó al Madrid en sus declaraciones y ayer, en vez de hacer como Cruyff, que se arrugaba [cual pasa] cuando venía al Bernabéu, sacó al tridente y dejó claro que Henry vuelve a ser el Henry del Arsenal y que Xavi e Iniesta son dos regalos de la naturaleza; pequeños duendecillos dotados de un talento desorbitado que convierten cada jugada en un museo de Bellas Artes.

Y, repito, no le tengo envidia al Barça, porque esa palabra no existe en el vocabulario de un madridista, cuya filosofía oímos, cuando menos, dos veces cada quince días, al empezar y acabar los partidos, acompañada de los compases del himno del mejor club del siglo XX (y, tiempo al tiempo, del siglo XXI), que lo deja, más que claro, transparente: «Enemigo en la contienda, cuando pierde da la mano. Sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano».

¡Felicidades Barça! ¡¡HALA MADRID!!

PD: Mientras el Sr. Boluda se come su ‘chorreo’, se acerca la ‘era Florentino’


Comentarios (3)

  1. Poker online dice:

    Es increible que con el dinero que se ganan estos jugadores y por hacer algo que les gusta y nos gusta a todos y no logren sacar buenos resultados. Quizas con menos dinero jugarian mejor….

  2. SEO dice:

    Con los presupuestos que se gastan en jugadores y pierden, ¡Felicidades Barça!

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