La emotiva y memorable despedida al ‘Rey del Pop’


De Harlem a Nerverland y del Staples Center de Los Ángeles al resto del mundo. La despedida ayer a Michael Jackson se convirtió en el último «gran espectáculo» del artista. Música, amigos, seguidores y decenas de televisiones preparadas para emitir un espectáculo que, con el camino que lleva la música –falta de líderes carismáticos– en la actualidad, se antoja tan histórico como irrepetible.

El funeral del ‘Rey del Pop’ estuvo a la altura de un jefe de Estado y de un país como EEUU, que tiene el gran valor de convertir la imagen de sus ídolos caídos en mitos intemporales, aunque en el caso de Michael no fuera necesario. Caravanas de coches con carrocerías tan negras como interminables y una escenografía de cine, aunque ajustada al comedido tono que ayer requería la ceremonia, arroparon un funeral emocional y popular, donde los sentimientos contradictorios apuntalaban en la memoria de los presentes los recuerdos que había dejado el pequeño de los Jackson Five entre los asistentes que acudieron a su despedida.

El día comenzó con un funeral privado, reservado para un centenar de personas escogidas, en Forest Lawn, un cementerio de los Los Ángeles. La comitiva recorrió después las calles de la ciudad californiana hasta el Staples Center, donde, con una luz azul cenital, se recibió el ataúd recubierto de flores del artista, hecho de bronce y con un baño de oro de 14 kilates, cuyo interior se elaboró en terciopelo azul eléctrico y con un espejo pulido a mano; el mismo modelo que se usó en el funeral del padre del soul, James Brown, que pertenece a la compañía Batesville y que, incluso, tiene hasta nombre propio: Promethean. Uno de los portadores era Jermaine, uno de los hermanos de Jackson, que después se sentó junto al resto de sus hermanos (todos llevaban puestos un guante con diamantes en la mano derecha) y sus padres en las filas reservadas del estadio.

Así, Smokey Robinson, una de las referencias de la Motown en los años sesenta, dio comienzo al Memorial leyendo los mensajes de Diana Ross, que no pudo asistir, y de Nelson Mandela, también ausente. Era el preámbulo de un funeral que arrancaba en el templo de Los Ángeles Lakers (donde el músico ensayó por última vez la coreografía de un concierto que ya nunca podrá ser) y que ayer presentaba un decorado austero y apagado que reproducía la atmófera de las iglesias afroamericanas con coros de gospel –que sustituyeron a las bocinas de los marcadores– y ventanas góticas de Iglesia –que robaron la atención a las canastas de baloncesto–.

El coro de música espiritual inició el espectáculo. La primera artista que salió a homenajear a Michael Jackson fue Mariah Carey, quien, con traje oscuro, versionó uno de los éxitos del homenajeado: “I’ll be there”. Tras ella, llegó el turno de uno de esos momentos especiales –hubo bastantes–, como fue la actuación de Lionel Richie, que escogió, como tributo personal, el tema “Jesus is Love”.

Después entró la actriz Queen Latifah, quien no permitió que los sentimientos le desencajaran su voz, y Berry Gordy, fundador de la Motown, quien afirmó que «Su vida fue maravillosa. Siempre buscaba hacer lo que nadie había hecho. Ha sido el mayor “entertaiment” que jamás ha habido», que, además, quitó hierro a la solemnidad del instante al contar alguna de las anécdotas referidas a los Jackson Five.

Así, las canciones y los testimonios se sucedieron a partir de ahí. Stevie Wonder, en otro momento para recordar, interpretó al piano las notas de “Never dreamed you’d leaved in summer” y, claro está, en uno de los anfiteatros del basket mundial no podían faltar dos jugadores como Magic Johnson y Kobe Bryant, el pasado y el futuro de uno de los grandes equipos de la NBA. «Los dos fuimos amigos. Lo conocí hace treinta años. Me invitó a su casa y conocí a sus padres, a sus hermanos. Hizo de mí un jugador mejor», dijo Magic.

Una embarazadísima Jennifer Hudson eligió la canción “Will you be there”, con un marcado acento gospel y, tras ella, apareció el reverendo Al Sharpton, un activista pro derechos civiles y político, que pronunció un mensaje exaltado, con el lema «never stop», quien condujo el acto a uno de sus instantes más intensos.

Pero, sin duda, uno de los espacios más emotivos del evento fue la aparición de la actriz Brooke Shields, amiga especial del artista desde la adolescencia. Sus lágrimas y su emoción dieron a la ceremonia toques que evocaban a la despedida de James Brown, quien contó cómo Michael intentó enseñarle a bailar, sin demasiado éxito, su famoso paso «moonwarlker». Destacó que los dos habían compartido la experiencia de convertirse en adultos siendo todavía demasiado jóvenes para afrontar las responsabilidades que conlleva esa edad. «Tú empezaste a los cinco años, yo comencé a los once meses», añadió Brooke Shields.

Después, llegó la esperada aparición de uno de los hermanos de Jackson, Jermaine. Interpretó a capella, aunque con algún lógico momento de duda (la voz casi se le quiebra en un pasaje), la canción favorita de su hermano: “Smile”, de la gran película Tiempos modernos, de otro de los grandes genios artísticos que ha dado la historia: Charles Chaplin.

Hubo más cosas, muchas más, como la presencia en el escenario de la hija de Martin Luther King, el rapero Usher, que bajó hasta el féretro para cantar a su lado, y el cantante Shasheen Jafargholi, un joven de 12 años –participante en el concurso “Britain’s Got Talent”– que iba a actuar con Michael en su adiós a los escenarios en Londres.

Antes de bajar el telón, los bailarines de su último “show” interpretaron “This is it”, la canción que grabó en sus últimos ensayos para los conciertos del Arena O2. El evento acabó con las canciones “We are the World” y “Heal the World”, interpretadas por todos los que habían cantado durante el acto, así como algunos de sus familiares que, con gafas de sol, despidieron emocionados el funeral. Uno de sus hermanos suspiró y dijo: «Quizá, Michael, ahora por fin te dejarán en paz». Paris, la hija de Michael, se acercó al micrófono, convirtiendo el momento en el más conmovedor del día, se puso a llorar y apuntó: «Sólo quiero decir que, desde que nací, papá siempre fue el mejor padre que uno pudiera imaginar. Sólo quiero decir que lo quiero mucho».

El funeral batió récords en Internet, donde millones de personas lo siguieron en directo. Pero la televisión, ayer, se llevó la palma. El homenaje en el Staples Center fue retransmitido en directo en la red por cadenas como CBS, Fox y CNN. Y, para quien no lo haya visto, o para los que quieran recordarlo con más calma, aquí dejo una grabación íntegra del evento que pudo verse en directo ayer desde este blog:


Comentarios (3)

  1. PPC London dice:

    Como el Rey del Pop no habrán dos. Paz en su tumba.

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