La odisea azulgrana, los viajes lejanos y las victorias imposibles


«Mala cosa cuando en el ánimo se representa la temeridad con rostro de valentía, y la cordura con rostro de cobardía» (Francisco de Quevedo)

En la noche de ayer, los aficionados españoles vimos a nuestro único representante en la Liga de Campeones, el F.C. Barcelona, lamentablemente superado en el estadio Giuseppe Meazza, ubicado en el barrio de San Siro, por un Inter de Milan muy superior e infinitamente más cómodo sobre el terreno de juego, sabedores de su potencial físico, dejando con media estocada a los azulgrana, que deberán –como mínimo– repetir el resultado logrado en la fase de grupos (2-0) si quieren disfrutar de la deseada fiesta en el estadio del Real Madrid, el Santiago Bernabéu.

Se pueden buscar ridículas excusas a causa del largo viaje en autobús (casi 1.000 kilómetros), provocado por la erupción del volcán islandés Eyjafjallajokull que ha alterado el tráfico aéreo de toda Europa, aunque es posible que algo les haya podido afectar, pero José Mourinho demostró ser muy hábil en el movimiento de sus piezas para descolocar al actual campeón, que apenas pudo imponerse en un tramo del partido.

La realidad es que ese largo desplazamiento de los azulgranas a la ciudad de Milán en autocar para jugar la ida de las semifinales de la Champions League no es, en absoluto, un hecho sin precedentes. Al Real Madrid C.F., por ejemplo, le pasó algo parecido en febrero de 1962, cuando le esperaba la Juventus en Turín para el partido de ida de cuartos de final de aquella Copa de Europa. Así, el club programó el viaje en avión Madrid-Turín para la víspera del partido, pero la niebla provocó el desvió del vuelo a Niza, donde la expedición blanca pasó varias horas por si el cielo abría. Jugadores y directiva merengue pisaron suelo francés sobre las once de la mañana y, sobre las ocho de la tarde, la paciencia se le acabó al presidente Santiago Bernabéu, quien alquiló un autocar rumbo a Turín.

El viaje fue bien hasta que, en la frontera franco-italiana –con los Alpes al fondo–, una niebla espesísima les rodeó. Un hecho que motivó que dos jugadores, pareja que era sustituida cada rato, tuvieran que caminar como guías delante del autobús, y éste a paso de hombre. Finalmente, el Real Madrid llegó a Turín, a las cinco de la mañana del día del partido, sin cenar y sin que en su hotel les dieran un triste bocadillo, por lo que se acostaron sin probar bocado, y levantándose pasado el mediodía.

di stefano 1962 - La odisea azulgrana, los viajes lejanos y las victorias imposiblesYa por la noche, los jugadores (debe ser que antes estaban hechos de otra pasta) ganaron el partido por 0-1, con un gol de Alfredo Di Stéfano. No obstante, la eliminatoria no se solventó en el partido de vuelta, ya que la Juve le devolvió el mismo resultado (0-1), con un gol de Omar Sívori que hizo pasar a la historia a su club como el primer equipo que ganó en Chamartín en Copa de Europa. Por ello, dado que entonces no había prórrogas ni penalties, el Madrid y la Juve tuvieron que jugar un partido de desempate en París, donde los merengues se impusieron por el mismo resultado que el de ayer en Milan, esto es, 3 goles a 1.


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