El ministro y la historia como ‘vértebra determinante’ de España


Ayer tuve la ocasión de asistir a un almuerzo-coloquio, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y la Fundación Bancaja, en el que el ministro de Educación, Sr. D. Ángel Gabilondo, impartió una conferencia, titulada “La dimensión social de la Educación”, que tuvo algunos titulares interesantes, aunque la mayor parte del tiempo se rigió por un sentido común que, después, no vemos fructificado con hechos desde el Gobierno de España.

Así, el ministro aseguró estar abierto a posibles modificaciones del texto que presentó recientemente para alcanzar un pacto social y político, advirtiendo, por ejemplo, que no descarta que el profesorado adquiera rango de autoridad pública, como está solicitando el Partido Popular, mostrándose dispuesto a «estudiar lo que sea necesario» si el refuerzo de la dimensión del docente «solo puede hacerse desde una disposición legal».

Pero como ya están los medios de comunicación para informar al detalle sobre lo acontecido ayer en el Hotel Meliá Zaragoza, hoy sólo quiero hacer referencia a un tema que a los aragoneses nos toca muy de lleno, la Historia de Aragón en las escuelas, que también tuvo su momento de gloria en esta conferencia, aunque sólo fuera por la pregunta que realicé en el tiempo del coloquio.

De esta manera, la pregunta que propuse fue la siguiente: “¿Cómo puede ser la educación la «vértebra determinante» de la UE cuando en España no somos capaces de unificar nuestra propia Historia por intereses político-sociales? (P.E. Corona de Aragón)”. Una cuestión que, en realidad, abrió el propio ministro cuando indicó que, con la presidencia de España en la Unión Europea, había que trabajar por que la educación fuera la “vértebra determinante” que uniera a los europeos.

Pero, si la situación que estamos viviendo es ya muy amarga de por sí, lo más deplorable, para una figura como la suya, fue su respuesta, en la que indicó que «en España todos los libros de texto de las editoriales son iguales siempre», añadiendo que «nos sorprenderíamos felizmente si cogiéramos libros de texto de otras CC.AA. y viéramos su grandísima semejanza». Un hecho que, como sabemos bien los aragoneses, es rotundamente falso e hiriente para los que formamos parte de esta histórica tierra.

Aunque, leyendo hoy la prensa aragonesa, es fácil entender esta situación, ya que ningún medio se ha hecho eco de la trascendente respuesta –que nos afecta a todos– del ministro que miró hacia otro lado en un asunto de vital importancia, y que cada día podemos comprobar no sólo en la educación de nuestros jóvenes, sino también en las manifestaciones de los líderes políticos catalanes, confundiendo (por ignorancia y/o mala educación) a los reyes de la Corona de Aragón, por poner un ejemplo reciente.

En consecuencia, tras el almuerzo, tuve la ocasión de departir unos minutos con el Sr. Gabilondo, a quien recriminé –como aragonés fiel a mi tierra y a nuestra Historia– su respuesta. Un hecho por el cual, dado su manifestado desconocimiento en la materia, me solicitó un informe acerca de este asunto que tanto nos debe importar a los herederos de una tierra que ha sido siempre imprescindible para el devenir de los tiempos.

Por ello, me gustaría contar con la colaboración activa de todos vosotros para elaborar este informe…


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