YANA: «Para este perro o para todo perro creo en el cielo»


Yana ya no está con nosotros. Después de 17 años juntos, más de la mitad de mi vida, nos ha dejado. Pero, algo que debe servir de ejemplo para todos, lo ha hecho luchando hasta el final y sólo una decisión humana, pues el sufrimiento debe eliminarse, ha hecho que deje pasear por la casa, de recibirme cuando llego, de pedir comida, de jugar con sus peluches favoritos… Es imposible agradecer con palabras todo este tiempo, pero de lo que estoy seguro es que se lleva tanto amor como tristeza nos deja estos momentos. Hasta siempre, peque. Te quiero
 

Mi perro ha muerto (Pablo Neruda)

«Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.
Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz iría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.
Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independienre
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.
Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.»


Comentarios (3)

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  2. Francha Menayo y Domingo dice:

    Bonito poema que has elegido para dar homenaje a Yama, son muchos años a tu lado y se siente mas de lo que algunos pueden imaginar, Yana ya esta en el paraiso y alli estara ahasta que tui dentro d emuchisimos años vuuelvas y ya veras como corre a tu encuentro. como lo hacia qui

    Un abrazo y mis condolencias por lo que significan estas perdidas

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